María Teresa Saavedra y el Triángulo Blanco: una vocación hecha servicio
- YMCA Perú
- hace 19 horas
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Antes de que su nombre fuera anunciado, María Teresa Saavedra Nuñez ya venía consolidando una trayectoria marcada por el servicio, la sensibilidad y el compromiso con la comunidad YMCA. Su camino dentro de la guay no se construyó desde el protagonismo, sino desde la presencia constante, el acompañamiento cercano y la convicción de que cada acción voluntaria puede dejar una huella real en la vida de otras personas.

Por eso, la entrega del Triángulo Blanco 2026 tuvo un sentido profundamente humano. Esta distinción, considerada la máxima entregada por YMCA Perú a jóvenes voluntarios destacados, reconoció en María Teresa una historia que une vocación, arte, fe y liderazgo joven al servicio de la comunidad.
De 26 años, bachiller en Derecho y estudiante de teatro musical, ballet e idiomas, María Teresa ingresó a YMCA Perú en 2024 desde la Dirección de Desarrollo y Sostenibilidad. Desde entonces, su participación se hizo visible en programas como Niñez Ludocreativa, donde contribuyó al diseño y ejecución de un mural artístico con participación infantil; EMERGE, con dinámicas comunitarias para adolescentes; y LEONN, donde asumió un rol clave acompañando procesos de lectura, dibujo y pintura para niñas y niños.

Su vocación de servicio también encontró raíces fuera de YMCA. En Tumbes, desde la Parroquia San José, participó en acciones de donación de ropa y alimentos para zonas vulnerables, además de experiencias de voluntariado en orfanatos. Esa mirada solidaria, sostenida por sus valores cristianos, encontró en la guay un espacio para crecer, compartir y multiplicar impacto.
Al recibir el Triángulo Blanco, María Teresa representó a una generación que entiende el liderazgo no como un título, sino como una responsabilidad. Su historia dialogó con la visión 2030 del movimiento y con el espíritu del triángulo YMCA: formar personas íntegras, capaces de inspirar desde el cuerpo, la mente y el espíritu.
Esa noche, María Teresa no solo recibió un reconocimiento. Recibió el abrazo simbólico de una comunidad que vio en ella una promesa viva de liderazgo joven, sensible y profundamente comprometido con el país.










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